sábado, 27 de noviembre de 2010

DEMOCRACIA FORMAL

Soy una funcionaria que siempre defendió la expresión “empleada pública”, incapaz de entender el follón de personal que tienen las administraciones. Oposité después de ejercer como trabajadora social más de 10 años entre empresas privadas, corporaciones de derecho público, entes promotores y asociaciones. Soy ya cuarentona y sólo hace 5 que trabajo como funcionaria.

Oposité por cansancio. El cansancio que produce empezar de nuevo cada vez, en proyectos con fecha de fin y sin continuidad. El cansancio que produce no saber si el siguiente empleo será peor, más temporal, peor pagado, si alcanzará para disfrutar vacaciones o si me las liquidarán. El cansancio que produce haber estudiado tanto (dos titulaciones universitarias terminadas y dos iniciadas) para trabajar sin ninguna continuidad, casi sin repercusión en la realidad social.

Me preparé las oposiciones como la superviviente de una derrota, dispuesta a ser una funcionaria gris, que consume el tiempo como los hombres grises de Momo. Pensaba, también yo, que lxs funcionarixs nacían con un gen vago, que sólo les encantaba desayunar y entregarse a las compras compulsivas en horario laboral. Me equivoqué, por lo menos en parte. Caí en un departamento en el que se trabajaba mucho y hasta con gusto. A pesar de que el régimen disciplinario no hay modo de aplicarlo ni aún cuando el jefe lo intenta: en personal no quieren. Tal vez empiecen por mi...

Un buen grupo de las compañeras, quienes ocupaban las jefaturas de servicio de delegación y de servicios centrales y hasta la delegada trabajábamos con interés y con vocación de ciudadanía aunque, es verdad, la realidad social quedaba muy lejos, allí, al otro lado del entramado administrativo. Trabajamos para acortar esa distancia. Pensaba que ser funcionaria era un entierro profesional y me encontré con lo contrario. Por primera vez podía trabajar con continuidad, con objetivos a medio plazo, sin precariedad en una profesión que me encanta, en la que tengo mucha experiencia y para la que estoy bien preparada.

Esto sólo puede pasar cuando quien encabeza una delegación no sólo gobierna con fines partidistas sino que ADMINISTRA. Se equivoque o no, no olvida que trabaja por el interés común. Desgraciadamente, quien tiene ésta tendencia y se obstina en ella permanece poco en el poder. “La casta” necesita gente que venga a hacer “política”, política mal entendida. De esa “política” que humilla la palabra original (o tal vez no tanto porque es verdad que los esclavos no eran ciudadanos y porque después de esto, seremos muchas más las personas con ciudadanía de 2ª)

Esto sólo puede ocurrir cuando cada quien asume, por lo menos, una parte de su responsabilidad. La de organizar equipos, la de conocer la realidad, la de relacionarse con las asociaciones, la de proponer mejoras, las que sean que le tocan.
Cuando la administración se aleja durante años de los intereses y las realidades de la ciudadanía en dirección al beneficio de sus dirigentes y con el consentimiento de sus obrer@s desemboca en este monstruo inmanejable.
Cuando la ciudadanía no ejerce sus derechos los pierde.
Esto es el resultado de una sociedad que opta por el tener individual muy por encima del tener común. Tal vez porque piensa que los bienes comunes no se pueden reducir. Tal vez porque piensa que los bienes comunes son para la gente pobre y nadie quiere serlo. En la época de la opulencia hemos dejado de exigir el bien común. Si la lista de espera para la operación de hemorroides era demasiado larga o, simplemente, nos ofrecía más “garantía”, nos íbamos a “la privada”, en lugar de exigir servicios públicos de calidad, que pagábamos con nuestros impuestos.

La sanidad pública se ha ido deteriorando por el interés exclusivo de nuestros dirigentes en el beneficio propio y mercenario del capital (las farmacéuticas), por la apropiación indebida de guantes de latex destinados a mil usos domésticos a manos de empleadxs públic@s, funcionarios o no. Y, sobre todo, por la no exigencia de la ciudadanía de servicios públicos de calidad. Pronto será historia el mejor servicio sanitario del mundo, que lo fue siendo PÚBLICO.

La ejecución de todo esto habrá sido cosa de “la casta” política, simples mequetrefes al servicio de otros intereses económicos que, como marcan las leyes del mercado mundializado, continúa ahora con la disminución de los estados sociales; a quienes les pone la notoriedad, sentirse importantes, creerse poderosos.
En este proceso sólo los servicios públicos pueden actuar de colchón contra la pobreza. Y en lugar de crear unos servicios públicos con vocación de ciudadanía, estos “gobernantes” ponen de saldo las ruinas de la administración (y su patrimonio) para estar un pasito más cerca de quienes son realmente poderosos pero invisibles. Es la recompensa por apadrinar bancos.

Claro, que de todo esto yo no puedo saber nada. Soy una inculta que no sabe interpretar las posibles consecuencias de un decreto inmoral, una hija de campesinos que después fueron obrero y “ama de casa” (o sea: todo), que abandonaron los horizontes limpios para que ellos, mis hermanos y yo pudiésemos sobrevivir, que me eximieron del trabajo con la única condición de que estudiase, que se alegraron más que yo cuando tuve “trabajo para toda la vida”, una hija de la educación pública con dos titulaciones universitarias, una funcionaria 35 horas semanales, una ciudadana las 24 del día. Una hija de la democracia que dejará por herencia un mundo peor que el que heredó. Una funcionaria cualquiera.

Eso es lo que ha pasado: que por no usar nuestro derecho de exigir servicios públicos de calidad los hemos perdido, que por no usar el derecho a participar lo hemos perdido, que por no usar nuestra obligación de proteger el interés común lo hemos perdido, que por no usar la libertad de expresión la hemos perdido, que por no.... A la vez, hemos permitido que los gobernantes no cumplan con sus obligaciones, abusen de sus derechos y de toda la ciudadanía. Por no valorar lo que teníamos no lo hemos usado ni cultivado. Eso significa “democracia formal” y ese es nuestro régimen político. CUANDO NO SE USAN, LOS DERECHOS SE PIERDEN. Cuando los usamos se ensanchan.

Fdo: in-defensa

domingo, 21 de noviembre de 2010

El día 19... hubo susto silencioso en CEIC


En el día de hoy, 19 de noviembre de 2010, a las 9’00 horas, la nueva Directora General de Investigación, Tecnología y Empresa, ha tomado posesión en la sede central de la Consejería de Economía, Innovación y Ciencia, ante el equipo de gobierno de esta Consejería en pleno.

Los empleados públicos de esta Consejería, que nunca hemos sido invitados a estos actos protocolarios, hemos querido en esta ocasión sumarnos a tan emotivo momento ataviados con nuestro colores de guerra, (naranja, morado, blanco...) para hacer patente, frente a toda la plana mayor de esta Consejería, nuestro más absoluto rechazo al Decreto-Ley 5/2010, de reordenación del sector público.

Ha sido una protesta silenciosa, pero multitudinaria, como corresponde al saber estar y señorío de los empleados públicos, capaces de discernir en todo momento y situación, cuando procede pitada, y cuando protesta silenciosa.

Nuestro más absoluto silencio, por respeto a la persona que toma solemnemente posesión de su cargo público, ha continuado en el momento de los cómplices aplausos de quien todos nos imaginamos.

Terminado el acto solemne, los empleados públicos de esta Consejería de Economía, Innovación y Ciencia allí congregados, no nos hemos movido ni un milímetro de los lugares que habíamos ocupado, obligando al Consejero Antonio Ávila Cano a tener que pasar, con la cara un tanto descompuesta, entre una multitud silenciosa y digna de empleados públicos hartos de estar hartos, y cansados de que se insulte nuestra inteligencia día sí y día también desde el gobierno andaluz.

Una vez desaparecida la plana mayor, los funcionarios y empleados públicos, nos hemos vuelto a nuestros puestos de trabajo a seguir sirviendo de la mejor manera posible a los ciudadanos y ciudadanas andaluzas, que es por lo que luchamos.

Compañeros, hoy, puedo decir que me siento especialmente orgulloso de todos y cada uno de vosotras y vosotros.

y más cartas al director

DESCARGAR PARA VER...

reflexión de un compañero

No es sólo el decreto ley 5/2010. Con la excusa de la crisis y la supuesta necesidad de reducción del déficit público a través del recorte del gasto se suceden las medidas destinadas a reducir la relevancia del papel de los funcionarios en la administración.

En un país en el que los empresarios dicen ganar menos que sus empleados, donde la economía sumergida se cifra en un 16% del PIB y son alarmantemente frecuentes los casos de políticos corruptos, curiosamente la peor reputación la tienen los funcionarios, hasta el punto de que el 45% de la población se alegra de que nos bajen el sueldo. Se culpa de los defectos de funcionamiento de la administración a sus trabajadores que acceden a su puesto de trabajo por sistemas objetivos de selección, en lugar de a la cúpula directiva a la que no se exige capacidad ni conocimientos, que tiene la responsabilidad de dirigir la administración y dispone de los mecanismos legales para asegurar el cumplimiento de las normas.

La sociedad desconoce la importancia del papel de la función pública como garante de la legalidad y la independencia de la administración. Tampoco es consciente del alcance de la motivación que los dirigentes políticos puedan tener en poder designar y cesar discreccionalmente a la mayor parte posible de sus subordinados.

En este contexto, los legítimos esfuerzos de los funcionarios por defender nuestros derechos laborales son percibidos como la defensa de la perpetuación de una situación de privilegio. Por tanto, es imprescindible que esta movilización se concentre en transformar la percepción que la sociedad tiene de nuestra función y que cuidemos mucho cómo transmitimos el mensaje para evitar tergiversaciones y acciones que provoquen rechazo social.

Lo estamos haciendo bastante bien, pero en esto necesitamos rozar la perfección.

Juan.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Caña al funcionari@

¡Ya está bien! Ya han pasado demasiados años de pervivencia de una clase cuya única obligación ineludible es asistir a su puesto de trabajo con estricto respeto del horario establecido, cuyo desempeño de las funciones encomendadas no se refleja en su sueldo más allá de un magro complemento de productividad, cuya estabilidad laboral está garantizada mientras que otros de mayor valía, preparación y diligencia rebotan de un trabajo mileurista y temporal a otro.

Hay que darle caña a los funcionarios, hay que hacer que desempeñen la labor que les ha sido encomendada, que se ganen el sueldo y que se esfuercen por mantener su puesto de trabajo. !Si señor¡.

Pero como todas las cosas, hay que hacerlas con mesura. Mi sobrino necesitaba una bicicleta nueva porque la que tenía se había averiado. Cuando fui a verla, la bicicleta solo estaba sucia y tenía una rueda pinchada; en realidad, mi sobrino se había encaprichado de otra bicicleta. Hay adultos, con ciclópeas responsabilidades sobre sus hombros, que están comportándose como niños de 12 años.

Para meter a los funcionarios en vereda no hace falta que dejen de ser funcionarios, basta con aplicar la legislación; una legislación que define exactamente los cometidos, las responsabilidades y las medidas correctoras y disciplinarias oportunas. Una legislación que no se está aplicando. No. No nos hace falta nueva normativa, solo nos hace falta aplicar la que existe con rigor; expedientar y sancionar a quien proceda, premiar a quien trabaje bien y no repartir el complemento de productividad por aspersión. Hay que llevar la administración como una empresa, si, como una empresa. Como. Orientarse a objetivos, aplicar incentivos y correctivos, buscar la eficacia y la eficiencia, racionalizar el gasto. Como en una buena empresa.

Pero para comportarse como una empresa no hace falta convertirse en una empresa, lo mismo que para comer sushi no hace falta nacionalizarse japonés. Tomemos lo mejor de las prácticas empresariales y apliquémoslo a la administración, pero sin ceder a empresas de nuevo cuño las funciones de la administración.

¿Porqué no? ¿Para qué quedarnos en medias tintas?

Porque la función pública no es una herencia decimonónica propia de un país tercermundista. No, la función pública es una necesidad reconocida y consagrada en la propia Constitución; no para otorgar prebendas a zánganos, sino para garantizar que unas personas, dotadas de una particular independencia,velan por el cumplimiento de la ley en el funcionamiento de la administración. Gentes que obedecen primero a la normativa y luego, si procede, a sus jefes. Gentes con responsabilidad sobre los actos que ejecutan en nombre de lo público. Gentes que no pueden decir que hicieron algo porque se lo mandó su jefe y lo que el jefe dice va a misa.

¿Y tan peligroso es hacer lo que dice “el jefe”?

Según sea el jefe. Pero presuponer buena fe, competencia, conocimiento, capacidad y juicio, todo a la vez y en un político, es de una ingenuidad extrema. No quiero decir que no existan políticos honrados, capaces e inteligentes, pero si afirmo que el porcentaje de tales bendiciones de los cielos dista mucho del ciento por ciento; hay que tomar medidas. Esas medidas, en el sistema de gobierno que nos dimos con la Constitución reposan, en una primera línea en los funcionarios; luego están el control parlamentario, el defensor del pueblo y los tribunales, pero todo ello a posteriori, cuando la faena está hecha.

El funcionariado es la primera línea de defensa ante el neófito que llega al cargo henchido de energía, ideas innovadoras y magníficas intenciones, pero carente de experiencia e ignorante del marco legal que lo rodea, ante el que sabe muy bien que es lo que quiere hacer, pero no conoce o no quiere reconocer los límites de lo que debe hacer. No se trata de un corsé formalista, sino de un amortiguador que permite la colaboración entre los que provienen del mundo de las voluntades y de la política y los que instrumentan las actuaciones de la administración en el mundo de lo posible, técnica y legalmente.

Una administración convertida en empresa, sin las particulares obligaciones de legalidad y garantías de independencia de los funcionarios, permite que imperen principio distintos de los que la Constitución infunde a la administración pública, que las prioridades difieran cada vez más de los intereses públicos. Esto sí que puede ser un terreno abonado para la arbitrariedad y el dispendio, mucho más allá de lo que puedan ser las supuestas prebendas de los funcionarios.

Si de algo sirve mi experiencia en la administración es para saber que mucho más nos cuesta la megalomanía, la autosuficiencia y el empecinamiento de un directivo descontrolado que la desidia de mil funcionarios. Me ofende la actitud de algunos de mis compañeros; sin lugar a duda, ¡caña al funcionario! Pero que nadie se engañe, más ovejas mata el pastor que el lobo.

J. Conde

CRÓNICA DE TORRETRIANA 18/11

TORRE TRIANA BIS!!

Y seguimos sumando!! Para el día de hoy estaba convocada la Mesa General de Negociación Sindical en Torre Triana, a las 17.00 horas. Se jugó al despiste durante buena parte de la mañana sobre el lugar donde se celebraría la misma y al final la bronca y la incertidumbre acabó con desalojo de trabajadores de la 6º y 7ª planta de Torretriana a las 14.00 horas. No sólo el escenario quedaba claro sino también las formas, policía y porra sería el lenguaje de la Administración y los sindicatos pactistas durante toda la jornada.

El cierre del edificio se completó con desprecio al ciudadano, al que se negó sistemáticamente el acceso al registro de tres consejerías.

Centenares de funcionari@s nos atrincheramos dentro y conseguimos a tirones ayudar a compañer@s de otras Consejerías que consiguieron entrar en el edificio. Así pertrechados y entre canticos como “Esta si que es una Plataforma”, “No nos representan”, “hacen falta ya sindicatos de verdad” o el himno de Andalucía, impedimos la entrada de los vehículos oficiales de l@s asistentes al acto que sólo pudieron entrar fuertemente escoltados por la policía. Suponemos que si la escasa vergüenza que atesoran les dejó saludarse, algo más les costaría escucharse porque Torretriana atronaba con pitos y cantos.

El cúmulo de irregularidades: cierre patronal, privación del derecho de acceso a un centro público, cierre del registro, bloqueo de las salidas de emergencia, evidencian el acorralamiento al que estamos consiguiendo someter al gobierno andaluz.

Esto no acaba aquí, el sábado nos hemos emplazado a las 12.00h en el palacio de San Telmo para además de dejarle un recado a Griñán arrancar con las BIC (Brigadas de Información Ciudadana) de la PEPA. El objetivo dejar claras nuestros reclamos y objetivos:
Derogación del Decreto 5/2010
Por unos servicios 100x100 públicos y de calidad
Por la despolitización de la Administración Pública
Contra la venta del patrimonio de la Junta de Andalucía


Algunos videos de la tarde:
http://www.elmundo.es/elmundo/2010/11/18/videos/1290107160.html

http://www.elmundo.es/elmundo/andalucia.html

jueves, 18 de noviembre de 2010

También la web grita.

Sí, grita y a pleno pulmón, grita tanto que sólo hace eso, gritar.
Información y respuestas útiles no ofrece ni una y es que cualquier lectura que se haga de ella conduce a una serie de preguntas que no responde en ningún sitio (ni ofrece enlace alternativo. ¡Faltaría más! para que os enteréis, estarán diciendo autocomplacidos sus creadores). Vean por ejemplo el apartado de Preguntas y Respuestas, o ese otro de Introducción, o... pero perdonen, se me olvidaba decir que la web versa sobre el Decreto-Ley “por el que se aprueban medidas urgentes en materia de reordenación del sector público” y el sitio es:
http://www.juntadeandalucia.es/haciendayadministracionpublica/spa/
Aburridillo el asunto ¿verdad?, cierto, pero es que nos afecta y mucho a todos los que vivimos en Andalucía.
La web, junto al decreto, grita confusión, grita urgencia mal enfocada y peor resuelta, grita preguntas obvias como puños que ellos se hacen ya que ellos adoran la respuesta, grita no me preguntes nada que realmente te interese como afectado. Pero lo peor son sus gritos de silencio, horribles y pertinaces silencios.
Además la web se viene a sumar con sus silencios a los del decreto y peor aún, a los de nuestros dirigentes políticos, de consejeros y consejeras y hasta a los del propio presidente. Y aunque hay silencios de diverso calado hay uno que clama respuesta clara y es el silencio que sigue a “y los andaluces y andaluzas ¿en qué, cómo y cuándo vamos a mejorar con estas normas? eso sí, por favor, concreten algo más que con lo de mayor racionalidad, transparencia, eficacia, eficiencia, innovación, buena gobernanza, etc.”.
Y no es que estos principios no sean magníficos o no existan, es que ya están en los normas y bases de las administraciones públicas. Si lo que necesitan son modificaciones háganlas ahí, si no se han aplicado hasta ahora aplíquenlos desde ahora ahí, si se precisan otros nuevos créenlos ahí, si han de eliminarse algunos quítenlos ahí. Hagan todo eso y más en la administración de la Junta de Andalucía para mejorarla en su funciones ya que si optan por generar previamente un ‘tótum revolútum’ de consejerías y agencias, de competencias que vienen y van, de empleados a los que “se les posibilita sin obligar”, de servicios dispersos y difuminados, de políticas y leyes confusas lo que conseguirán será generar una mala herencia en lugar de un mejor futuro.
Señor Presidente, no deje al futuro de los andaluces y andaluzas esta mala herencia, no se limiten a decir lo que no les pasará a los empleados públicos a raíz del decreto, por favor actúe y diga alto y claro en qué, cómo y cuándo vamos a mejorar los andaluces y andaluzas, todos veríamos como los silencios que grita esa web y ese decreto callan y nos abren espacio para luchar por un mejor futuro.

A.G. Lorite