jueves, 2 de diciembre de 2010

cocina rápida

Arbitrariedad: receta fácil.

Tómese un político; da lo mismo el color y signo político. Debe venir cargado de ideas, intenciones o empeño; da lo mismo si buenos o malos, si nuevos o manidos. Désele un cargo público; déjese asentar unos pocos días. Añádase una empresa pública y déjese macerar durante varias reuniones con el director de la misma. Todo lo urdido se envuelve en papel de BOJA (Boletín Oficial de la Junta de Andalucía) que contenga una encomienda de ejecución a la citada empresa y se deja tramitar un tiempo prudencial. Puede servirse sola o acompañada de más encomiendas.

Es un plato sencillo y extremadamente versátil. Si se ha dejado que la ambigüedad impregne bien la temática de la encomienda, el político podrá pedir lo que le plazca y la empresa lo realizará con los medios y costes que mejor parezca. Una de las mayores virtudes de esta receta es prescindir casi completamente de los funcionarios y de sus molestos atavismos y su obscena adicción a la legalidad.

Y cuando lleguen las famosas Agencias del Señor Griñán, será como cocinar en Thermomix, a toque de botón, sin mancharse un dedo y sin tener que limpiar después porque nadie estará mirando.

Eso si, los ingredientes son caros, pero un político que ha dedicado su vida al servicio público se lo merece, ¿o no?

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